sábado, 16 de junio de 2012

Estudio Simbólico de la Diosa MAAT


«Grande es la Regla, duradera su eficacia; no ha sido perturbada desde los tiempos de Osiris. La iniquidad es capaz de apoderarse de la cantidad, pero el mal nunca llevará su empresa a buen puerto. No te entregues a una maquinación contra la especie humana, pues Dios castiga semejante comportamiento... Si han escuchado las máximas que acabo de decirte, cada uno de tus designios progresará».

Enseñanza del sabio Ptah-hotep
Introducción
Forma parte de la naturaleza del hombre el vivir su propia existencia en la Justicia, la Ley y el Derecho. Existe en el hombre una suerte de conciencia primaria y originaria del injusto. Es posible que existan en positivo algunas formas constantes del fenómeno jurídico, algunas estructuras ontológicas de la experiencia normativa reconocibles como universales, instrumentos de nuestra civilización, tal vez propios de las estructuras fundamentales de la experiencia jurídica, que pueden llegar a jugar un rol fundamental en la certeza de que el derecho ha contribuido a edificar los estados modernos, y sobre el derecho como certeza, se tendrá sobre todo que construir el mundo futuro.
Ante la innegable necesidad de un nuevo orden, es preciso buscar los instrumentos para construir este mundo, en orden al legado de la Tradición, en el seno de la Idea de Maat.
Concepto de justicia
H.P. Blavastky, define la justicia asimilándola al Karma, por cuya ley, en virtud de sus operaciones inexorables e infalibles, cada hombre recibe aquella recompensa o aquel castigo que ha merecido, ni más ni menos.
Es la virtud social por excelencia. Platón la consideraba como la resultante de todas las virtudes, expresión de la unidad armónica que debe reinar en el espíritu, mientras que las demás virtudes responden a un aspecto particular. Antes que Platón, los pitagóricos habían tratado ya de la justicia, que hacían consistir en la reciprocidad y en la proporción, en conformidad con su simbolismo matemático; la asimilaron al cuadro, o sea al número multiplicado por sí mismo. Aristóteles oponía también lo injusto a lo justo, como lo desigual a lo igual. Cicerón se hacía eco de las ideas romanas sobre la justicia al asignarla como cometido neminem nocero y reddere cuique suum, habiendo quedado como clásica la definición de Ulpiano constans et perpetua voluntas jus suum cuique tribuendi. La justicia es el verdadero fundamento del derecho y expresa la igualdad de las personas ante la ley moral. El origen de todos los conflictos sociales es la falsa concepción o aplicación de la justicia; la ley justa podrá hallar alguna vez dificultades, pero echando raíces en la conciencia colectiva, acabará por imponerse.
Pertenecer al Consejo del rey es una cosa que requería a la vez un profundo sentido de responsabilidad y un conocimiento perfecto de las conveniencias. Hablar en público no es cosa fácil pues discurrir es más difícil que toda otra tarea y sólo debe arriesgarse a ello si se es capaz de que los demás consejeros digan: ¡Qué expresiones más justas!, decía el visir Ptahhote, quien continúa: llamado a informar al Consejo, es necesario exponer el informe sin disimular nada. Es necesario decir simplemente lo que se sabe y convenir sobre lo que se ignora. En la discusión es necesario ser prudente y tener tacto. Con estas y otras reglas debía conducirse todo dispensador de la Justicia.
La justicia no es una noción relativa; no depende de los hombres, sino de Ra, que fija sus reglas. La Justicia es una cosa divina y por lo mismo está representada por una diosa, Maat, hija del gran dios creador; en otras palabras, la Justicia emana directamente de Dios: La justicia es grande, invariable, segura y no ha sido turbada desde la época de Osiris, que la dio a conocer a los hombres. Los límites de la Justicia son invariables. Es una enseñanza que cada hombre adquiere de su padre. Pero si es verdad que emana de Dios, entre los hombres se traduce por la Ley que representa a la Justicia. Por consiguiente, la Ley se impone a los hombres como la obligación moral. Es la base del orden social, de la propiedad: romper obstáculos a la ley es abrir la puerta a la violencia.
Organización judicial en Egipto
La justicia divinizada está representada por la diosa Maat, la propia hija de Ra. Por ello, los más altos magistrados del país, el visir, los presidentes de sala en la Corte Suprema, los presidentes de tribunales de los nomos, etc., son sacerdotes de la diosa Maat, asociados a la propia voluntad del gran dios. Por esa razón, los funcionarios encargados de presidir los tribunales ocupan los primeros puestos de la jerarquía administrativa y figuran entre «los primeros después del rey» que poseen el insigne privilegio d «agruparse delante del trono del rey» en las ceremonias de palacio.
En Tebas, todos los días, el visir, el gran sacerdote de Maat, deba audiencia en la gran sala de columnas del palacio del gobierno, sentado, con vestido blanco, cetro en mano. Ante él se extienden los cuarenta rollos de pergamino en los que están transcritas las leyes. Delante de el, a uno y otra lado de la sala, están alineados los miembros de su Consejo. A sus lados están los escribas dispuestos a copiar sus órdenes.
Acabada la audiencia, el visir es recibido por el rey. Después de haberse interesado por su salud, le pone al corriente de la situación y recibe sus órdenes.
La organización judicial ocupa un lugar preeminente en la obra jurídica, siendo la piedra angular de todo el edificio de las instituciones monárquicas.
El conjunto de órganos judiciales de todo el país depende del Departamento de la Balanza, en la sede del gobierno central. Está presidido por un miembro el Consejo de los Diez del que dependen los jueces y los funcionarios que sirven en la administración judicial.
El Consejo de los Diez dirigía la totalidad de los servicios administrativos. Entre sus miembros se reclutan todos los jefes de secretos del Consejo Legislativo y los jueces de audiencia de la Corte Suprema. Sus miembros, altos funcionarios que han recorrido una larga escala administrativa o judicial, son llamados a integrar la Corte Suprema y a preparar la labor legislativa del rey bajo la presidencia del visir. Constituyendo así el lazo entre los tres poderes, cuya dirección centraliza en sus manos el visir.
La Justicia, tan sabiamente organizada por los egipcios, constituye el propio fundamento del Estado. Es la más alta expresión por la que se manifiesta el poder real, puesto que es misión suprema del rey, como representante del gran dios sobre la tierra, hacer reinar la justicia.
La creación del mundo, origen de Maat
La cosmogonía, es el acontecimiento más importante porque representa el único cambio real: la aparición del mundo. A partir de entonces, sólo los cambios implicados en los ritmos de la vida cósmica poseen una significación. Pero precisamente en esta periodicidad de los ritmos cósmicos estriba la perfección de lo establecido en los tiempos de «la primera vez».
El primer aspecto de este proceso es el Caos; no el Caos como desorden, sino como infinito, como todo lo que está en potencia para manifestarse algún día. A esta Caos infinito, le sucede la Inteligencia; este segundo paso es la suma de esquemas, de conformaciones, de ideas que permiten adecuar el Caos primero, organizarlo, esquematizarlo. Y, por fin, nos encontramos con el tercer paso del proceso: el Cosmos que ha nacido, que se ha gestado aparte de estos dos elementos primeros; con el Caos que es todo el infinito, con el Teos que le ha dado forma y le ha puesto orden.
La armonía física del universo y la armonía moral y política de la sociedad estuvieran o no contenidas en la noción de Maat se atribuían claramente a la voluntad del Creador. Antes de que se iniciase la organización del actual universo, no existían ni la muerte, ni el desorden. Sin embargo, apenas comenzada su génesis, Ra tuvo que entablar combate contra misteriosos enemigos que, en la mitología reciente, serán sustituidos por Apofis, la eterna serpiente rebelde. Se admitía, por otra parte, la existencia de una Edad de Oro, un tiempo en el que Ra y los dioses primordiales residían aquí abajo: Maat reinaba sobre la tierra. Se narraba cómo un complot de los dioses contra el sol envejecido le había obligado a retirarse sobre el cuerpo de la vaca celeste y flotar para siempre alrededor de nuestra tierra. Este exilio de Dios fue, sin duda, el fin del reino absoluto de Maat y el principio del sufrimiento.
La cosmogonía y los mitos de los orígenes constituían el núcleo esencial de la ciencia sagrada. Había diversos mitos cosmogónicos. Los temas se sitúan entre los más arcaicos: un montículo que emerge, un loto o un huevo que brotan e las aguas primordiales. En cuanto a los dioses creadores, cada ciudad colocaba al suyo en primer plano.
Igual que tantas otras tradiciones, la cosmogonía egipcia comienza con la aparición de un montículo sobre las aguas primordiales. La aparición de este «primer lugar» por encima de la inmensidad acuática, significa la consolidación de la tierra, pero también la eclosión de la luz, de la vida y de la conciencia. En Hierápolis se identificaba el lugar llamado «la colina de Arena», que formaba parte del templo del sol, con la «colina primordial». En Hermópolis se habla de un lago, en el que brotó el loto cosmogónico. Cada ciudad, cada santuario, eran considerados como otros tantos «centros del mundo», el lugar en que había comenzado la creación. El montículo inicial pasaba a ser muchas veces la montaña cósmica a la que ascendía el Faraón para salir al encuentro del dios Sol.
Otras versiones hablan del huevo primordial que contenía el «pájaro de luz» o el loto original sobre el que reposa el sol niño o, finalmente, de la serpiente primitiva, primera y última imagen del dios Atum.
Concepto de Maat
Maat aparece como la noción de base de la reflexión egipcia. Considerada tradicionalmente como la «Verdad-Justicia», se sitúa en una perspectiva esencialmente cósmica; el mundo faraónico reposa, según ellos, sobre Maat entre los dioses de una parte, y de la otra, Faraón, intercesor supremo. En el caos de las fuerzas del desorden, Maat instituye la norma, la medida, en todos los órdenes de la creación; las dos esferas, cósmica y social, están ligadas por constantes correspondencias.
La Maat egipcia, no es sólo verdad y justicia, sino también orden y ley... ley, no en el sentido jurídico de una orden proveniente de la autoridad de una soberanía humana o de un legislador divino, sino en el sentido de un orden infalible que gobierna el universo, en su aspecto físico y moral. Los dioses egipcios eran las fuerzas de la Naturaleza, los fuertes cuyo poder se reconocíanla acep irresistible, pero era tan constante, invariable y reglado en sus operaciones, que no permitía ninguna duda en cuanto a la presencia de una inteligencia siempre viviente y actuante.
Alrededor de la noción de Maat, es preciso presentar la historia de un pensamiento, de una manera de conceptualizar el mundo, que no hace distinción entre teología y ciencia, cosmos y sociedad, religión y Estado. Los cinco campos principales de la noción de Maat, que son al mismo tiempo las dimensiones principales de lo que podría llamarse el universo egipcio de significación: lo Sagrado, El Cosmos, el Estado, la Sociedad y el Individuo.
El concepto de Maat, interpretado como «orden cósmico», juega un rol central en la discusión sobre el llamado «eje axial» y los orígenes de la historia. Maat sería el prototipo de una filosofía preaxial, prehistórica.
Es difícil encontrar estudios compresivos del concepto de Maat; la dificultad puede residir en la extensión singular de la acepción de este concepto, que engloba nociones como verdad, autenticidad, justicia, precisión, rectitud, orden, sacrificio, etc. Es difícil circunscribir el campo semántico de un concepto intraducible, es preciso determinar la esencia. Hay cosas que es preciso tomar inmediatamente de corazón, si se las quiere comprender.
Con el «eje axial», se produce la tensión entre la realidad transcendente y la realidad del mundo, el orden trascendente y el status quo. Antes de la «edad axial», no existe más que orden inmanente, el orden cósmico, Maat.
Maat, constituye el mito del Estado Fundamental.
Hija del Sol, Maat, era la luz al propio tiempo que la Verdad y como luz la diosa daba realidad a los seres y a las cosas. Un objeto cualquiera, para tener un existencia real, debe tener una forma visible, y por consiguiente, únicamente se hace verdadera y real cuando ha sido tocado por Maat, hija del Sol, es decir, después de haber visto la luz, después de haber sido mirado por los ojos de la cara celeste.
Los dioses y los reyes confesaban todos ser ankt en Maat, es decir, viviendo o existiendo por la regla, reconociendo el orden infalible que gobierna el universo. Su presencia era necesaria para la misma vida de los dioses.
El dios egipcio, el muerto divinizado, el rey asimilado a la divinidad, el oficiante revestido de un poder divino, tomaba el título de Ma-Kherou, (el justificado por la voz). Dicha cualidad comporta el conjunto de los poderes del Creador, cuya voz produce la realidad.
El mundo fue ordenado y es confrontado, no por el capricho o la casualidad, sino por una ley determinada y fija que se personificó en la diosa Maat, ley que es a la vez divina y moral, y que no representaba solamente el orden del universo, contra el cual no había apelación posible, sino que representaba asimismo un orden que estaba en consonancia con la moral y la justicia.
Maat engloba a la vez los ritmos naturales y las normas sociales, «Amar», «hacer», «decir Maat», sería entonces superar una simple adhesión al Derecho divino y real: sería adherirse al orden cósmico.
El universo matemático
La idea de un orden cósmico, regido por leyes matemáticas, fue claramente percibido por los antiguos egipcios desde las más remotas eras de su historia. Las observaciones extraídas de la bóveda estelar, el periódico transcurrir de las estaciones, el sucederse de la noche al día, fueron indiscutiblemente elementos que jugaron sus roles en la demostración de las leyes de armonía que rigen el cosmos desde la época de su creación.
Ya desde la época de los Textos de las Pirámides la figura del demiurgo Ra es focalizada en el mito cosmogónico elaborado por el sacerdocio de Hermópolis sobre la colina nacida desde el océano de Nun. Desde este lugar Ra se manifiesta «después de haber colocado a Maat allí donde antes estaba el Caos».
Tomamos contacto así con un término que por sí mismo constituye una llave para la comprensión. «Maat» encierra, en efecto los significados de «orden», «verdad» y «justicia». En el mito cosmogónico pues, al Universo informe, al Caos, le sucede la creación ordenada. En la composición del vocablo egipcio Maat, aparece el símbolo del cúbito, instrumento empleado por los antiguos egipcios para las mediciones lineales: un primer acercamiento al concepto matemático. Pierrete justamente observa: quien dice verdad, dice conformidad a la idea con su objeto, cuyo contrario es el error; conformidad de lo que se dice con lo que se piensa, cuyo contrario es la mentira... la conformidad se comprueba con la comparación, así el vocablo egipcio tiene por determinativo y por ideograma el instrumento tipo de la comparación y de las mediciones: el cúbito o aritmómetro (regla).
«Maat», término abstracto, reaparece tanto en copto como en babilónico y en griego. En este último idioma las raíces ma, maz, met, «ma», «math», «met», entran en la composición de variados vocablos que contienen la idea de la razón y de las mediciones: mathema, = «disciplina, ciencia» donde matematikós = «matemática», mathesis = «aprender, disciplina», matheteuo = «instruyo»; metro = «mido»; metrema = «la medida», metrios = «medido, de justa medida». En el término latino «materia», puede contenerse en el mismo orden de ideas en el sentido de «lo que puede ser medido».
Al principio del papiro Rhind, encontraremos esta afirmación: El cálculo cuidado: la puerta de acceso al conocimiento de todas las cosas y a los oscuros misterios. El conocimiento de la verdad se apoya sobre bases matemáticas, las mismas que encontramos en el ordenamiento cósmico. No puede existir verdad o justicia en el sentido absoluto, sino proveniente de este orden superior inviolable, de donde deriva el equivalente en egipcio de los tres términos de verdad, justicia y orden.
Ra, creador, y las leyes matemáticas que rigen el universo manifestado, están estrictamente unidas, y los límites de la omnipotencia demiúrgica, son establecidos precisamente por estas leyes. Símbolo geométrico de estas ideas de orden, es el rectángulo del que surge la cabeza de la diosa que delimita también el lago de la Verdad.
«Hacer el bien», equivalía a encontrarse en armonía con la naturaleza, y la ruptura de esta armonía, con el consiguiente regreso al Caos, correspondía al «mal». De esto puede comprenderse cómo los egipcios no conocían la idea del arrepentimiento. Puesto que el mal era una violación de las leyes matemáticas, de aquí derivaba automáticamente la creación de una fuerza necesaria, capaz de reequilibrar el orden turbado. «a una culpa, seguía indefectiblemente un castigo».
El culto de Maat
El culto diario que se rinde a los dioses procede directamente del mito osiríaco. El oficio es el mismo para todos los dioses, todos ellos asimilados a Ra. Esta conclusión de sincretismo se ve claramente expresado en el himno de Amón que concibe la enéada solar como la expresión de una divinidad única que se une en el cuerpo de Ra. La concepción «panteísta» permitiría conciliar la unidad de la divinidad con la pluralidad de los dioses, concebidos como los diversos aspectos del gran dios que se confunde a su vez con el universo.
Los ritos tenía la finalidad de defender y asegurar la estabilidad de la creación original. En el oficio que diariamente se celebraba tres veces en honor a Ra, por la mañana, al mediodía y por la tarde, el rey actúa siempre de oficiante. En el templo existe permanentemente un fuego que se renueva en determinadas fiestas y en particular en la del Nuevo Año.
La ceremonia comienza con la purificación del santuario; el sacerdote hace las fumigaciones de incienso, encendiendo determinadas lámparas de mecha. Luego se purifica personalmente, puesto que para acercarse a Dios es necesario ser puro física y moralmente. La purificación del sacerdote es obra de los dioses que, al dar al oficiante «vida, salud y fuerza», hacen penetrar en sus miembros el flujo de vida que le pone en estado de gracia. Desde entonces, el sacerdote será durante el oficio como los propios dioses; él es maa-Kheru, el de la voz creada, como la de los dioses, y por consiguiente puede proceder al misterio del oficio, que va a consistir en hacer descender al propio dios a sus estatua de oro.
Después de las purificaciones, el sacerdote abre el tabernáculo en el que se conserva la estatua divina, rompiendo los sellos de arcilla que cierran la puerta. Abierta ésta, el sacerdote se arrodilla ante la estatua, toca la tierra y se tiende sobre el vientre. Luego se levanta y recita los himnos de adoración. A continuación se unge la estatua con miel y ungüentos. Tras una última incensación, el sacerdote abraza la estatua y la llama con una invocación en la que suena el grito lanzado por Osiris a Ra: «Ven a mí, Amon-Ra». En este momento, el dios baja a su estatua, que hasta aquel momento era un cuerpo sin alma, y el sacerdote le ofrece el Ojo de Horus, es decir, la potencia creadora.
El símbolo termina en este momento. La estatua, inerte al comienzo, como el cuerpo de Osiris muerto por Seth, ha recobrado de nuevo su alma y su poder. Luego el sacerdote abandona la capilla para entrar por segunda vez; pues el sacrifico debe celebrarse dos veces, una para el Sur y otra para el Norte. Las ceremonias de purificación se renuevan igual que los himnos y las letanías a «Amon-Ra, dueño de la eternidad, único que crea los dioses, los hombres y las cosas, señor de la vida, destructor de los malos y de todos los actos del mal». En el transcurso de sus plegarias, el rey pide al dios «que cree para él todas las cosas buenas y le libre de las funestas».
El sacerdote ofrece al dios Ra a su propia hija, la diosa Maat. Maat, la Justicia, creada por Ra, no puede existir sin él, pero a la vez él no puede existir sin ella. Por eso, todos los días a fin de permitir al dios, principio de todo bien, triunfar del mal, el rey, en representación de todos los hombres, le hace ofrenda de la justicia. Esta magnífica concepción, que asocia la humanidad a la divinidad en la marcha del universo hacia el bien, se expresa en un himno de una rara inspiración poética que desarrolla esta sencilla idea: Dios no vive sino de la justicia, y después de haberla creado no puede subsistir sin estar continuamente penetrado por ella.
De este modo, por las manos y por la palabra del sacerdote, todos los dioses y la humanidad entera ofrecen la Justicia al dios.
Después de la ofrenda, el dios abandona la estatua. El sacerdote la purifica con agua e incienso y desparrama ante ella la arena, que es el símbolo de la eternidad. Luego la recubre de fajas blancas, símbolo de la pureza; verdes, símbolo de la resurrección, y rojas, emblema de la llama que destruye el mal.
La estatua, adornada de este modo, se encierra en el tabernáculo, mientras se le ofrecen fumigaciones de nitro, incienso y resinas.
Las ofrendas presentadas a Amón, concebido como un dios al que no se puede representar porque es espíritu puro, pierden todo carácter material. En el ritual, las ofrendas en especie, antaño largamente enumeradas en las paredes de las tumbas, sólo son mencionadas en la vaga forma de las ofrendas que se hallan en manos del oficiante. La verdadera ofrenda, descrita detalladamente en el ritual, es la presentación a Amón de su hija Maat, considerada como la carne, el alma, el adorno, el vestido, el alimento del dios y el alimento vital que lo anima. «Amón-Ra», termina diciendo el oficiante, «tú existes porque Maat existe, y recíprocamente». En realidad, al comienzo del primer milenio, la ofrenda esencial que resume y supera a todas las demás es la ofrenda espiritual y simbólica de una estatuilla de Maat, que significa: «He practicado la Verdad-Justicia según la doctrina del dios». Esta ofrenda de Maat se inscribe en todos los templos de la época reciente y en todos los santuarios en la pared del fondo, en el Santo de los Santos, donde se efectúa el acto final del culto, expresado en esta escena suprema que resume el culto; la presentación de Maat a su creador.
Existen rituales en los que la estatua del dios se adorna con el cetro, la corona, brazaletes, collares, un pectoral y dos plumas. Estas dos plumas, que rematan la corona del dios, son, como los dos Ojos de Horus, y como las dos coronas que lleva el rey, símbolos de luz, creación y justicia. La diosa Maat lleva las dos plumas.
Maat y su influencia en el mundo
La Justicia es dar a cada uno lo que le corresponde, según su naturaleza; La Justicia es la fuerza que transforma las sociedades en Estado, y las personas en individuos. Es urgente lograr el individuo político que habla Platón para acceder al individuo filósofo, pues es la vivencia de la Justicia la que nos lleva al interior del ser humano, despertando la conciencia.
Maat es el equilibrio del universo, su necesaria cohesión, indispensable para el mantenimiento de las formas creadas. Es a la vez el orden universal y la ética que consite en actuar, en toda circunstancia, de acuerdo con la conciencia que se tiene de este orden universal.
Maat actua como el principio universal unificando las tres esferas del orden del mundo: cósmico, social e individual. Establece una solidaridad vertical que exige responsabilidades en aumento a los más altos cargos, disminuyendo así los efectos de la desigualdad.
El retorno de Maat
Ved, ha sucedido lo que los ancestros habían predicho; ha proliferado el crimen y la violencia ha invadido los corazones, la desgracia atraviesa el país, corre la sangre, el ladrón se enriquece, se han apagado los sonrisas, los secretos han sido divulgados, los árboles han sido arrancados, la pirámide ha sido violada, el mundo ha caído tan bajo que unos cuantos insensatos se han apoderado de la realeza y los jueces han sido expulsados.
Pero recuerda el respeto de la Regla, de la justa sucesión de días, del feliz tiempo en que los hombres construían pirámides y hacían florecer vergeles para los dioses, de aquel tiempo bendito en que una sencilla estera satisfacía las necesidades de todos y los hacía felices.
Predicciones del sabio IPU-UR
¿Ignoras tú, Oh Asclepios, que Egipto es la imagen del cielo y que ella es la proyección aquí abajo de toda la ordenación de las cosas celestes?
No obstante, es preciso que sepas, vendrá un tiempo en el que parecerá que los egipcios han observado en vano el culto de los dioses con tanta piedad, y que todas las invocaciones han sido estériles y desatendidas. La divinidad abandonará la tierra y subirá al Cielo, abandonando Egipto, su antigua morada; entonces, esta tierra santificada por tantas capillas y templos, se convertirá en tumbas y muertos. Oh Egipto, Egipto... No quedará de tu religión más que vagos relatos que la posteridad no creerá más y palabras grabadas sobre la piedra contando tu piedad.
Visión de Hermes T.
Para que pueda volver a reinar la Gran Señora sobre este mundo, es preciso que existan hombres capaces de vivir y de hacer vivir Maat. Hombres y Mujeres, que sueñen en volver a instaurar la ética, el orden, la verdad y la justicia que hizo gloriosa en épocas remotas la sagrada tierra de egipto, que hace posible la felicidad entre los hombres, librando la eterna lucha contra las sombras, para romper las cadenas que atan al hombre al dolor. Pero ciegos ante la realidad, es imposible ver el horizonte de luz; por ello hay un algo de divina Desesperación en los corazones de los que, detestando la ignorancia que atenaza nuestro mundo, sienten cómo las sombras se resisten, mientras aquellos que no ven, sufren y creen que éstas son, no obstante, su libertad.
Los nuevos heraldos de la justicia, que visten hoy negras túnicas como la noche que atraviesa la humanidad, negras como el misterio, con la ayuda de su Señora, en su nombre y con los eternos símbolos de acción, blandirán éstos como cuchillos que corten los velos de la ignorancia y el egoísmo, para abrir paso a un nuevo orden donde se presente la doble faz de la Misteriosa.
Maat necesita hombres y mujeres capaces de dar, de ser fraternales, hombres con memoria, a quienes su escucha interior les permita «hacer Maat» a través del Amor y la Sabiduría.
Aquellos que sirven a Maat, no deben olvidar que su acción requiere no sólo una formación exterior, sino además una imprescindible cualificación interior (voluntad, amor e inteligencia).
¡Alégrate, tierra entera! La justicia ha vuelto a su lugar. Vosotros, justos, venid y contemplad todos; la justicia ha triunfado sobre el mal, los perversos han caído sobre su rostro, los ávidos son condenados.
Papiro Sallier
Ana María Pliego
BIBLIOGRAFIA
Maat y la actualidad del antiguo Egipto; F. Schwarz.
La religión de l'ancienne Egypte. París. 1910; Virey.
Le rituel du culte divin journalier en Egypte, passim. A. Moret.
La religión del Antiguo Egipto. V. Sayce.

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